Los documentos del tribunal de la santa inquisición en canarias muestran una amplia variedad de prácticas y creencias mágicas, algunas de las cuales incluyen rituales dedicados a los astros. El sol, la luna e incluso algunas estrellas son invocados con fines principalmente amorosos.

Entre los años 1499 y 1714 el Santo Oficio recibió cerca de tres mil denuncias por hechicería y brujería en Canarias, de las que sólo fueron juzgadas y sentenciadas siempre de forma benévola algo más de 400.

Sólo una minoría de las denuncias sobre un total de 1245 personas, mujeres en su mayor parte, correspondían a actos brujeriles, dado que las prácticas que realmente estaban extendidas entre el pueblo eran las de hechicería, que en las islas tenían una lectura principalmente positiva o neutra. Frente a lo que se ha dado en llamar magia alta o culta, (derivada de artes y ciencias como la astrología, la numerología o la cábala), de la que existen pocos exponentes en Canarias, se da de forma muy extendida la denominada magia popular, que el Catedrático de Historia Francisco Fajardo Espínola define como “la satisfacción de deseos, la búsqueda del bienestar, la defensa frente al mal y el conocimiento de lo oculto y de lo por venir”. La Inquisición prohibía y juzgaba dichas prácticas, y aunque el pueblo era consciente de ello, no las interpretaban como algo negativo o ligado a cultos diabólicos. Al contrario, la usaban para conservar o recuperar la salud, para influir favorablemente en el trabajo, o en muchos casos con fines amorosos, con el objetivo de atraer, conservar o alejar a la pareja.

De entre toda la gama de rituales, hechizos e ingredientes mágicos que se describen en los documentos inquisitoriales, destacan aquellos en los que se incluyen a los astros, concretamente al Sol, la Luna, Venus y algunas estrellas.

Tal y como apunta el doctor Spinola “Las oraciones al Sol, la Luna y las estrellas revelan la existencia de elementos propios de una concepción animista del Universo. Su reiteración, el modo en que se realizan, e incluso la conciencia que se tiene de su carácter herético excluyen que se trate solo de un recurso metafórico”. De esta forma, la magia popular practicada en Canarias atribuía cierto grado de eficacia a dichos rituales y oraciones hacia los astros, quién sabe si conservando con ello cierta memoria colectiva de los cultos aborígenes, entre los cuales figuraban como máximas divinidades precisamente el Sol y la Luna. En un proceso llevado a cabo en La Laguna en el año 1499, María Chémiga declaró que Juana Díaz, a la que acusaban de hechicería, le había dicho que:

<para haber buen casamiento, que dijese ciertas veces el paternoster y el avemaría y ayunase tres viernes a pan y agua y se levantase entre dos almas facia la silla de Nuestro Señor que es donde salía el sol y tomase una estrella en nombre de Nuestra Señora, que luego le dijo (...) que lo de la estrella no lo ficiese, que era herejía, y después le tornó que lo ficiese>

La fecha del mismo hace pensar en una posible influencia aborigen, aunque no deja ser aventurado.

DE TODAS LAS DENUNCIAS QUE LA SANTA INQUISICIÓN RECOGIÓ EN CANARIAS, CASI LA MITAD CORRESPONDÍAN A PRÁCTICAS RELACIONADAS CON LA HECHICERÍA. EN TOTAL SE ESTIMA QUE FUERON UNAS 1245 PERSONAS LAS DENUNCIADAS, DE LAS QUE 1136 ERAN MUJERES. ENTRE LA VALIOSA INFORMACIÓN CONSERVADA SOBRE ESTOS PROCESOS, LLAMA ESPECIALMENTE LA ATENCIÓN LA RELATIVA A UNA MODALIDAD DE MAGIA ASTROLÓGICA, EN LA QUE NO FALTABAN ORACIONES A LOS ASTROS SI SE BUSCABA EL AMOR.

En el primer cuarto del siglo XVI asistimos a un proceso en la ciudad de Las Palmas, en el que una tal Magdalena Morera declaraba ante el Tribunal de la Inquisición haber visto a una persona saludar de rodillas al astro rey, por la mañana y por la tarde. Esto ocurría en 1524, año en el otra mujer grancanaria que respondía al nombre de Isabel Rodríguez, declaraba que la supuesta hechicera Catalina Sánchez le habían enseñado “<una oración al Sol cuando salía hincada de rodillas diciendo, : “Dios te salve, rostro bellido”, y otras palabras>, a las que se añadían nueve padrenuestros y otros tantos avemarías. Como es fácil apreciar, la magia popular había conseguido un sincretismo entre los dogmas católicos y las creencias paganas, algunas de las cuales podían tener un origen aborigen y que en mayor parte eran traídas a Canarias por portugueses, castellanos, indianos y africanos.

Y es que no sólo se rezaban al Sol padrenuestros y avemarías. El sincretismo con la religión oficial era en algunos casos excesivo, como vemos en un caso del año 1570, en el que una mujer en la isla de La Palma le dice a otra que, levantándose muy temprano, antes de la salida del Sol, dijese una oración que comenzaba “Sol, sea bienvenido, compañero de mi Señor Jesucristo, compañero de mi Señor Jesucristo”. Se le rezaba al Sol antes de que saliera, al salir, por la tarde y al ponerse, y tal y como aparece en un caso de Lanzarote, al “mediodía mirando de hito para el Sol”. También se creía que la exposición de algunos elementos mágicos, como la piedra de ara o el helecho, a los rayos solares incrementaba su poder, principalmente para cuestiones amorosas.

En lo concerniente a la Luna existen algunos casos en los que además de oraciones al satélite, se le hacía incluso ofrendas. En denuncias registradas en Santa Cruz de La Palma y en Lanzarote, aparecen oraciones a la Luna nueva para atraer a un hombre., <la ofreciese a la luna, que primero reçase siete paternostres y siete avemarías y saliese donde la viese, y avía deser luna nueva, y dijese: “Dios te salve, la luna nueva, y el señor que te muestra...”>

Una esclava negra llegó incluso a declarar en 1569 <que valía más mirar a la luna que a un dios de palo, y que la luna era dios que nos da de comer y vida>, sugiriendo su creencia en la influencia lunar sobre los seres vivos y los ciclos naturales, creencias que aún permanecen vivas.

Ya para finalizar, nos resta recordar las dedicadas a las estrellas, dedicada principalmente a la primera que apareciese en el cielo. Una de ellas la encontramos en un proceso ocurrido en Telde en 1606, donde una tal Polonia María usaba “Cierta oración a la estrella de Venus que le enseñó un fraile (...) la qual hiço dos o tres noches, o cinco, reçando a la estrella primera que saliese que era la de Venus, y cada vez que se reçaba dar un nudo en un cordón y decir un paternoster, avemaría, credo y salve regina”.

Otra oración, recogida esta vez en La Laguna en 1584 decía lo siguiente:

Estrella la más bella y la más hermosa que en el cielo estáis, yo os conjuro con uno, con dos, con tres... (hasta que llegaba a nueve), y todas nueve os juntéis, al valle de Josafat que vais y tres varas de amor me cortad, y en el corazón de Fulano, y en pies, y en otras partes que decía, las enclavad, y en las muelas de Lucifer bravas puntas le saqueís y en las de Satanás bravas puntas el sacad”.

José Gregorio González

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