El fraude de Colón y el secreto mallorquín
A ESTE INTERROGANTE HISTÓRICO HEMOS DE AÑADIR AHORA UNA NUEVA HIPÓTESIS, SEGÚN LA CUAL COLÓN EMPRENDIO SU VIAJE SABIENDO MUY BIEN SU DESTINO CON LA COMPLICIDAD DE LOS REYES CATÓLICOS. PARA ELLO CONTABA ADEMÁS CON UN ANTIGUO MAPA CODIFICADO, QUE DEMUESTRA LA LLEGADA DE NAVEGANTES MALLORQUINES HASTA AMÉRICA 150 AÑOS ANTES DEL DESCUBRIMIENTO OFICIAL DEL NUEVO MUNDO.
La historia muchas veces no es como parece, ni siquiera como tradicionalmente aparece en los libros de texto. Y el descubrimiento de América es un buen ejemplo de tan descorazonadora afirmación. Un acontecimiento tan importante como el encuentro de dos mundos y culturas diametralmente opuestas, ocurrido hace poco más de 500 años, continúa albergando infinidad de incógnitas. ¿Cuál era la auténtica identidad de Cristóbal Colón?, ¿Qué secreto albergaba y quién le ayudó realmente a convencer a los Reyes Católicos para que confiaran en su empresa?. ¿Porqué su Diario de navegación es un cúmulo de confusión y los expertos no han podido reconstruir a partir del mismo la ruta que siguió en su viaje?. Poco o nada parece claro en torno a la figura de Cristóbal Colón, salvo que tenía un convencimiento ciego en la viabilidad de un proyecto que ni tan siquiera era suyo. Una nueva teoría, desarrollada por el ingeniero aeronáutico José Antonio Hurtado, arroja desestabilizadores datos sobre este punto de inflexión histórico.
Para este investigador, autor del libro “La Ruta TyD”, la historia del Descubrimiento necesita ser reescrita teniendo en cuenta al menos los siguientes puntos: en el siglo XIV marineros mallorquines encontraron una ruta hacia América que fue plasmada en un mapa; dicha ruta fue conocida y seguida 150 años después por Cristóbal Colón violando un tratado con Portugal, y contando para ello con la complicidad de los Reyes Católicos; los datos del Diario fueron falsificados por la familia Colón, con el fin de atribuirle la gloria de un descubrimiento que le correspondía a los Hermanos Pinzón, y por los servicios secretos de los Católicos, para evitar que se supiera que se había violado el tratado de Alcaçovas-Toledo; la ruta original implicaba la existencia de una colonia mallorquina en Canarias que convivía pacíficamente con la población aborigen.
UN DIARIO A DOS LETRAS.
Una grave enfermedad que estuvo a punto de costarle la vida obligó a Hurtado García a prejubilarse, proporcionándole un valioso tiempo que ha utilizado para desarrollar su teoría. Provisto de un potente escáner, planos, portolanos y cartas de navegación, este infatigable investigador aprendió a pensar y a navegar con las técnicas de hace cinco siglos, para así poder surcar con certeza las páginas de una historia, la del Descubrimiento, que ahora se cuestiona en muchos de sus puntos de apoyo.
Básicamente la reconstrucción que plantea parte de una minuciosa revisión del Diario de a Bordo, un libro del que hasta nosotros ha llegado sólo una copia escrita posiblemente por fray Bartolomé de las Casas, confeccionada a partir de varios documentos que se presuponen originales y que como veremos más adelante estaban manipulados. En opinión de Hurtado García, cuando tras el primer viaje Colón envía su Diario a la corte de los Reyes Católicos, estos lo leen personalmente con detenimiento y ordenan la confección de una copia, ya codificada, que pide el propio Descubridor y utiliza en su segundo viaje. De todo ello da fe una carta de los propios Reyes dirigida a Colón el 5 de septiembre de 1493:
“Con este correo vos ymbio un treslado del libro que aca dexasteis; el cual a tardado tanto, porque se fysciese secretamente, para questos questan aquí de Portugal, nin otro ninguno, non sopiese dello. E a cabsa desto, porque más presto se fysciese, va de dos letras, segund vereis ciertamente”.
¿En que consistían las dos letras?. Los escribanos de la corte, siguiendo órdenes reales, confeccionaron una copia con distancias verdaderas y falsas intercaladas, acompañándolas de descripciones ficticias a cerca de cosas que se iban encontrando a lo largo de su viaje. La finalidad era la de proteger la ruta verdadera del reino de Portugal, así como salvaguardar las tierras descubiertas de piratas, corsarios y otros navegantes. El original de Colón se destruyó puesto que ya no era necesario.
Según Hurtado, Colón no siguió la misma ruta que la historia oficial atribuye al primer viaje en el segundo, lo que significa que en el primero no alcanzó su objetivo – y de hecho necesitó la ayuda de Martín Alonso Pinzón para llegar a tierra- por lo que requirió “copia” de su Diario para corregir el rumbo, o para ser más exactos la derrota, en el segundo y llegar al punto que inicialmente buscaba. Un punto que no era precisamente Las Indias.
“El libro que ha llegado hasta nosotros y que se supone copia del Diario –explica José Antonio Hurtado- estaba confeccionado con datos iniciales del propio Colón, añadidos, intoxicaciones y alteraciones de los servicios de contraespionaje de los Católicos, posibles anotaciones de Colón del segundo viaje y tergiversaciones de Bartolomé Colón, hermano del descubridor, añadidas para evitar que se vieran en los llamados Pleitos Colombinos, los errores de su hermano y los aciertos de Pinzón.
Además de las más de mil enmiendas y tachaduras que contiene, algunas de las cuales afectan a millas o leguas, el libro incluye datos y pasajes que lo vinculan estrechamente con el Atlas de Cresques, un documento excepcional.”
EL ATLAS DE CRESQUES.
La clave de la teoría TyD –letras con las que Hurtado homenajea al Teide, como punto de partida del nuevo mundo occidental descubierto- radica en una colección de mapas del año 1375, en la que la escuela cartográfica mallorquina, la más precisa de la época, condensaron todo el conocimiento que poseía. El documento se elaboró por orden del rey de Aragón, Pedro “el Ceremonioso”, con el fin de regalárselo a su homólogo francés Carlos V.
Cresques Abraham, maestro cartógrafo y constructor de aparatos de navegación, fue el autor material de un trabajo en el que según Hurtado “se plasmó no únicamente las últimas informaciones geográficas y astronómicas de su tiempo, sino uno de los mayores monumentos de la exquisitez artística e intelectual de su época y de todos los tiempos”. El mallorquín debía cumplir con su encargo e incluir una ruta comercial secreta que ya conocía y que no podía ocultar a la corona de Aragón, aunque debía reflejarla de forma codificada para protegerla de su destinatario francés. El resultado final fue una serie de seis paneles conservados en forma de biombo, de 69 cm. de altura por 3, 9 metros de largo.
La reconstrucción de la ruta que siguió Colón en su primer viaje ha sido objeto de polémica durante años, al encontrarse los que se han enfrentado a tan ardua tarea con datos y medidas en el Diario que no cuadran al intentar imitarlas sobre el terreno, o para ser más exactos, sobre el mar. Ese es el caso según Hurtado, de Samuel E. Morison, de la Universidad de Harvard, cuya ruta ha sido unánimemente aceptada durante décadas a pesar de errar en cien leguas con respecto a los datos de Colón.
“Todo ello se resuelve si tenemos en cuenta que Colón usó un eje de coordenadas y el Atlas de Cresques como referencia. Una vez trazada la ruta de esta forma, el error con respecto a la que pudo utilizar el Almirante se reduce en unas pocas leguas, y las cuentas verdaderas y falsas que aparecen en el documento cobran sentido”, asegura Hurtado García, quien parece haber reconstruido la ruta original con un error muchísimo menor que el de Morison.
LEER ENTRE LÍNEAS
Una detenida lectura del Diario de a bordo demuestra que las bodegas de las calaveras de Colón llevaban un cargamento que delata el objetivo final del viaje: una nueva tierra. Hasta el momento se ha venido aceptando que su destino era las Indias, los ricos y desarrollados puertos de Oriente, con los que se deseaba establecer relaciones comerciales directas abriendo una supuesta nueva ruta. Teóricamente buscaban la tierra de las especias, de los finos tejidos, las piedras preciosas y los tejados de oro descritos por Marco Polo. Y así mismo se ha dado por cierto que llevaban provisiones para un año. Los pasajes del diario delatan en opinión de Hurtado que las provisiones en agua y alimentos no alcanzaban para más de siete semanas, y que buena parte de la carga se componía de semillas, cuentas de colores, cascabeles y otros objetos mandados a comprar por los Católicos, habitualmente usados para trueque a semejanza de lo que los portugueses venían haciendo en sus periplos africanos.
Hurtado nos advierte de tan clara incongruencia. “Esta claro que ni los Reyes, ni Colón, ni mucho menos los Pinzones esperaban llegar a las Indias, esperaban hacerlo a una tierra habitada por “salvajes” con los que se podía negociar oro, perlas y piedras preciosas a cambio de bagatelas, por eso llenan las naves de bagatelas e independientemente de la pérdida de la nao pensaban dejar una guarnición fija hasta la siguiente expedición, si no, no se explica que lleven simientes para sembrar.”. “Lógicamente –añade- la guarnición evitaría que se presentasen inexperádamente corsarios o navegantes, que pudieran reclamar para ellos las nuevas tierras”
Pero, ¿cuál era el origen de la información reflejada en el Atlas de Cresques y de las claves para descifrarlo y llegar hasta las nuevas tierras?. Por el momento el autor de la hipótesis TyD desconoce como la escuela mallorquina adquirió dichos conocimientos –no descarta que los pudieran heredar de los templarios, ya que TyD son iniciales también de Templum Domine, la casa templaria de Jerusalen y su signo aparece asociado a lugares templarios- aunque sí encuentra un hilo conductor entre Colón, los Reyes Católicos, Canarias y América: la orden franciscana.
Para Hurtado, tan sólo hay que saber leer entre líneas en la historia para sorprenderse con las incógnitas que encierra. Según su hipótesis, las órdenes religiosas mallorquinas establecidas en Canarias hasta el año 1391 conocían el secreto de la ruta hacia América, e incluso podrían haber actuado como enlace con los navegantes, y como custodios de las mercancías traídas de las tierras del otro lado del océano, que luego eran introducidas paulatinamente en el mercado sin levantar sospechas. “Con la conquista de Canarias a lo largo del siglo XV, -apunta Hurtado- la ruta no podía ser utilizada, aunque su conservación estaba asegurada ya que en el año 1414 los franciscanos del monasterio de la Rábida, en Huelva, llegan a Fuerteventura para fundar un monasterio. Si bien las ordenes se van de las islas en el año 1391, regresan nuevamente en el 1414, cuando todavía era posible recuperar el secreto. Si entendemos que los franciscanos son los auténticos herederos de la ruta, cobra sentido que Colón vaya al monasterio onubense de La Rábida antes de visitar a los Reyes; que sean franciscanos quienes convenzan a los monarcas de la viabilidad del proyecto; que sean religiosos de esta orden quienes viajen con Colón; y que a éste lo detengan en América frailes franciscanos, compareciendo ante los Reyes con los hábitos de dicha orden.
Mi conclusión es que Colón era el “hombre de paja” de los franciscanos, la persona elegida para llevar a cabo el rescate de una ruta comercial que prometía grandes beneficios con poca inversión, y que ya era viable tras la Conquista de Canarias”.
El punto de llegada de la ruta TyD, rico desde el punto de vista comercial, era originalmente el Yucatán, una zona con la que nunca se pudo encontrar Colón.
Más datos:
La ruta T y D, José Antonio Hurtado García. Consejería de Presidencia y Relaciones Institucionales del Gobierno de Canarias. 1999. Tenerife.
- http://www.pagina.de/jahurtado.htm
- http://www.personal1.iddeo.es/ret000xh
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JOSÉ GREGORIO GONZÁLEZ |