En 1992 de inicio en españa un proceso histórico al desclasificarse cerca de un centenar de expedientes relativos a ovnis archivados por el ejército de aire desde finales de los años sesenta. De inmediato surgió el debate y las encarnizadas polémicas entre quienes garantizaban la transparencia del proceso –y además eran parte del mismo- y quienes aseguraban que era una burda manipulación.

Se reactiva el debate sobre la transparencia del Ejército del Aire

La publicación por parte del periodista y ufólogo Juan José Benítez de una parte de la correspondencia entre ufólogos que intervinieron el proceso, arroja nueva luz sobre el asunto.

El proceso de desclasificación iniciado en 1992 de los informes sobre OVNIs que el Ejército del Aire español había recopilado durante décadas y guardado bajo la clasificación de Materia Reservada, fue objeto de una serie de duras críticas que lejos de haber quedado solventadas, se han reactivado a raíz de la reciente publicación de medio centenar de cartas. Las mismas forma parte de la correspondencia privada que mantuvo principalmente el ufólogo valenciano Vicente-Juan Ballester Olmos con el ufólogo estadounidense de origen uruguayo Willy Smith, doctor en física, experto en energía atómica, continuador de la labor del célebre Joseph Allen Hynek en los archivos norteamericanos y encargado del proyecto UNICAT. Smith era uno de los asesores reclutados por Ballester Olmos. El valenciano junto a Joan Plana, desempeñó un meritorio papel al trabajar por la apertura de los archivos oficiales, defendiendo encarecidamente la transparencia de todo el proceso frente a quienes con Juan José Benítez a la cabeza, mantenían que esa apertura era solo parcial y viciada en el origen, pues partía de la premisa de dar explicación racional a todos los incidentes aunque para ello se tuviera que manipular los datos u ocultar información. Oficialmente el Ejército del Aire ubicaba los expedientes a ser desclasificados, los estudiaba elaborando un resumen del caso que incluía unas conclusiones y una propuesta de explicación, se eliminaban los nombres de los testigos para garantizar el anonimato y finalmente se desclasificaban si no afectaban a la seguridad nacional, poniéndose a disposición de los interesados en la Biblioteca del Ejército del Aire. Aparentemente todo seguía un procedimiento translúcido e incluso para los militares se trataba de algo protocolario y prácticamente sin interés, a pesar de estar protagonizando un proceso de apertura histórico a nivel internacional. Eso en cuanto a la bucólica versión oficial, puesto que la tesis de los críticos era bien diferente, y en parte parecen haber llevado razón.

LAS CARTAS DE LA DISCORDIA.

Los documentos que están causando revuelo han visto la luz por mediación de Juan José Benítez, que como ya hemos indicado, encabezó las críticas sobre la transparencia de la desclasificación. Aunque es posible que en un principio sólo contase con sospechas, y obviamente influyera en su juicio los enfrentamientos mantenidos durante años con Ballester Olmos, poco a poco ha ido aportado pruebas que demuestran, cuando menos, notables oscuridades. De entrada, el Ejército del Aire facilitaba con antelación a Ballester Olmos los informes a desclasificar, lo que le daba tiempo a preparar a su vez sus propios informes explicativos para los casos, que remitía al Ejército y éste, en teoría, tenía en cuenta en sus conclusiones. En cualquier caso, sí gracias a Olmos los militares se animaron a abrir sus archivos, es lógico que tuvieran con él la concesión de que los pudiera ver con cierta prioridad, aceptando de buen grado las sugerencias que les aportaba, en especial sí les salía gratis. A fin de cuentas ellos, los militares, no eran ufólogos.

El material disponible en www.jjbenitez.com permite trazar una visión más amplia de lo que sucedía. Ballester Olmos había reunido oficiosamente a un equipo de asesores, entre ellos el citado Smith, a quienes remitía el material para que emitieran sus juicios al respecto. Las cartas fueron entregadas a Benítez por el propio Smith tiempo antes de morir, y evidencian las ardientes discusiones metodológicas que se dieron entre Ballester Olmos y Smith, cuya amistad llegó a verse resentida. Para no aburrir al lector remitimos a su lectura en la citada web, aunque cabe señalar varios asuntos de interés. Smith era el único cualificado y con experiencia para evaluar un material de estas características, percibiendo muy pronto que las explicaciones aportadas por el resto de asesores de Ballester eran sospechosa y recurrentemente simples, atribuyendo una buena cantidad de casos a Venus. El estadounidense percibía errores notables en los informes elaborados por algunos colaboradores, a los que Ballester Olmos no sabía o podía responder, aunque daba por válidas tales conclusiones. La tensión se hizo más evidente cuando Smith concluyó que los más activos colaboradores del proceso eran “refutadotes”, negadores cuyo único objetivo era explicar de manera simplista todos los casos aunque para ello falsearan datos o habilidosamente esbozarán explicaciones pseudocientíficas. Estaban a criterio de experto americano muy lejos de ser escépticos, simplemente eran negadores profesionales. La experiencia del ufólogo, cuyo planteamiento científico del fenómeno OVNI estaba fuera de toda duda, le permitía como a un cualificado perito detectar los errores de los informes elaborados por los otros asesores, que para la inmensa mayoría pasaban desapercibidos en una maraña de datos y terminología técnica. Algunos de los casos objeto de polémica tenían a Canarias como protagonista. En un momento dado Smith propone a partir de su experiencia una detallada evaluación, elaborando una planilla tipo estandarizada a la que someter los casos españoles, sien do rechazada la propuesta por Ballester Olmos al suponer un volumen de trabajo y correspondencia excesivo; paradójicamente admite un informe de unos folios a mano elaborados en papel de hotel carentes de los datos necesarios para justificar las conclusiones que en esas notas se incluyen.

Básicamente Smith apelaba a la ciencia y el rigor, mientras Ballester defendía a sus asesores con argumentos emocionales vinculados con la amistad, sin dar más explicaciones. Eso resintió la amistad, sin duda, y con el tiempo es de suponer que hizo posible que las cartas llegaran a manos de JJ Benítez.

HUMANOS QUE ESTUDIAN LO EXTRAÑO

Para algunos puede parecer inmoral publicar la correspondencia personal de terceros, una cuestión que entra dentro de los juicios que cada uno quiera hacer, pero es indiscutible que a lo largo de la historia la correspondencia personal de militares, políticos, científicos, etc. ha permitido arrojar mucha luz sobre sus respectivos ámbitos públicos. Datos, matices, elementos que contextualizan…las cartas permiten llenar lagunas, componer puzzles que de otra manera no se resolverían. Ofrecen básicamente perspectiva, y al mismo tiempo dan y quitan razones. Está claro que se pueden eliminar expresiones y párrafos que puedan resultar “dañinas” para la reputación de los autores y que no afecten a los temas que les han dado proyección pública, pero con ésta salvedad, el material epistolar suele ser muy revelador. Nos permite conocer qué pensaban y por donde respiraban realmente sus protagonistas, las bambalinas del asunto. De ese punto de vista nadie medianamente preparado puede discutir el valor del material epistolar. Y en este caso es muy interesante, en especial porque quien pone en entredicho las conclusiones es alguien muy cualificado, entrenado para ello. Smith cuestiona de manera especial la postura de dos asesores, la de Manuel Borraz al menos en relación con un caso de Canarias, y la de Javier Armentia, el más conocido de todos los asesores pues además de director del Planetario de Pamplona, se hizo muy popular años después por compartir plató con el padre Apeles y Aramis Fuster en un funesto reality show emitido por Antena 3 hace unos años. Smith, simplemente, no les da ningún crédito al considerar que hacen una falsa ciencia, al contrario que Ballester, que se lo da todo.

El resto del material es muy ilustrativo: los temores de Ballester de perder la exclusiva de un libro; la crispante insistencia de Smith que agotaría al más paciente de los humanos; las desconfianzas y reproches mutuos; la percepción de acoso y amenaza por momentos irracional de Ballester por parte de Juan José Benítez; las discrepancias de otros investigadores sobre la transparencia de la desclasificación; el regustillo un tanto infantiloide y humanamente vanidoso recalcando méritos, amistades, sacrificios o poniendo “confidencial” en la correspondencia. Otro dato que aparentemente queda claro es que el grupo de asesores no cobró por su trabajo oficioso para el Ejército del Aire, es decir, que no estaban en nómina como se ha venido sugiriendo hasta la fecha y salvo que aparezcan nuevos datos, lo que indirectamente ayuda a confiar en su independencia a la hora de emitir sus evaluaciones. Tampoco el Ejército del Aire dependía exclusivamente de sus criterios, pues de las cartas se deduce que algunos casos “explicados” por los asesores fueron desclasificados como “inexplicados” por los militares. También se revela lo que parece un sincero convencimiento por parte de Olmos de la disposición y transparencia de los militares a facilitar toda la información, algo que sólo se ve por momento impedido a consecuencia de la apatía con la que aquellos contemplan el tema OVNI y el desorden de los archivos.

En fin, en www.jjbenitez.com se puede consultar todo el material, aunque su lectura por momentos parezca transportados a la redacción del “Aquí hay tomate”. No obstante entendemos que la historia de la desclasificación OVNI, que ha incluido una decena de casos canarios, no se puede escribir sin tener en cuenta sin un material que humaniza y contextualiza intelectualmente el asunto.

José Gregorio Gonzñalez

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