El enigma de las especies gigantescas
EN TODA LA FILMOGRAFÍA FANTÁSTICA RELATIVA A DINOSAURIOS, UNO DE LOS PERSONAJES QUE NO PUEDE FALTAR JAMÁS ES EL AVE GIGANTE, QUE CON SU MAJESTUOSO Y PRIVILEGIADO VUELO NO PUEDE OCULTAR SU PELIGROSA Y DEPREDADORA NATURALEZA. Y AUNQUE EL CINE REPRODUCE EN SUS ESCENAS UN ESCENARIO DE HACE MÁS DE 60 MILLONES DE AÑOS, LO CIERTO ES QUE LOS ARCHIVOS REALES ALMACENAN CASOS DE ÉPOCAS MUCHO MÁS RECIENTES. ESTE MES ANALIZAMOS LA PRESENCIA HOY EN DÍA DE AVES GIGANTESCAS NO CATALOGADAS POR LA CIENCIA.
Dentro de la criptozoología, las aves son sin duda el grupo animal para el que los especialistas no albergan demasiadas esperanzas de encontrar nuevas especies. Al menos aves de gran tamaño, dado que las grandes selvas del planeta posiblemente guarden el secreto de pájaros desconocidos, aunque de dimensiones convencionales. A pesar de ello, la casuística nos demuestra que la existencia de aves misteriosas, de gran envergadura y comportamiento muchas veces depredador, parece ser una realidad que va más allá de meras confusiones, y que aunque difíciles de observar, deben existir. Eso al menos le debió quedar claro al granjero de Texas, Armando Grimaldo, quién vivió en carne propia la agresividad de un encuentro con un ave descomunal. Todo ocurrió en torno a las diez y media de la noche del 14 de enero de 1976, cuando paseando por el jardín de la casa de su suegra, Grimaldo fue atacado por la espalda por un “animal” con garras y alas, ojos rojos, un cuerpo de 1,80 m., y una envergadura de casi 4 m. El color del animal era oscuro, y no pudo apreciar que tuviera plumas. Presa del pánico huyó escapando varias veces de las garras del animal, logrando refugiarse bajo un espeso árbol desde donde vio como su misterioso atacante se alejaba. A pesar de todo Grimaldo salvó su vida, y la experiencia quedó en un mal recuerdo, aunque sólo fue la primera de una serie de casos que se sucedieron unos tras otro en esta región norteamericana, y que fueron estudiados por la Sociedad Internacional de Criptozoología.
PTERANODONTE Y OTROS PÁJAROS MISTERIOSOS.
La mayor parte de los encuentros con aves de gran envergadura suelen responder al mismo patrón, y la descripción que los testigos hacen de los enigmáticos animales –oscuros, sin plumaje, alas huesudas y aspecto de “murciélago”- nos hace pensar irremediablemente en la posibilidad que se trate de auténticos supervivientes de la era de los dinosaurios. Otro granjero texano, Alverico Guajardo, de la localidad de Brownsville, cercana a la región de Raymondville en la que sucedió el caso de Grimaldo, pudo observar días después y a la luz de los faros de su coche, una criatura que le recordaba un muerciélago, con las alas plegadas, un pico de casi 80 cm. y los ojos rojos. Apenas un escalofriante ruido gutural parecían dotar de vida a aquel animal “de otro mundo”, tal y como lo definió Guajardo. La criatura, que en los días posteriores fue vista por numerosas personas, entre ellos tres profesores de bachillerato que viajaban en coche, siempre fue descrita de forma muy similar e identificada en las ilustraciones de libros sobre dinosaurios como un pteranodonte, un dinosaurio volador extinguido hace 150 millones de años. Y aunque los paleontólogos han encontrado restos de estos animales fosilizados en la misma zona, y los criptozoólogos apuntaban a la región de Sierra Madre Oriental de México como el de una hipotética procedencia, resulta muy difícil que hayan sobrevivido hasta nuestros días estas especies.
Aunque 1976 fue el año de una importante “oleada” de observaciones, éstas no se detuvieron ahí. En septiembre de 1982 el técnico de ambulancias James Thompson vio de madrugada un enorme pájaro volar a unos 50 metros de altura. “Esperé a que aterrizara como un avión en miniatura. Esto fue lo que pensé que era, pero agitó las alas lo bastante para mantenerse por encima de la hierba. Tenía la piel áspera, negra o grisácea. No tenía plumas. Estoy seguro de que su pellejo era como de cuero. Le observé mientras se alejaba volando. Era un pájaro parecido a un pterodáctilo”, aseguró al diario Valley Morning Star. Otras regiones del mundo también han sido escenario de este tipo de observaciones, como Perú, Puerto Rico, Rusia, Inglaterra e incluso España, donde hace varios años fue observada una extraña criatura alada en tierras catalanas. Si descartamos a las criaturas de aspecto más desconcertante, como el famoso hombre-polilla observado en West Virginia, Estados Unidos durante la década de los sesenta; el hombre-búho de Cornualles, en Inglaterra, visto en la segunda mitad de la década de los setenta; o los humanoides alados descritos por todo el mundo dentro y fuera de las tradiciones mitológicas, el mayor número de casos de aves misteriosas dentro de la criptozoología nos remite al mundo de las águilas.
EL AVE DEL TRUENO
Los relatos sobre águilas, buitres, y cóndores gigantes que atacan e incluso intentar apresar a animales y personas son más abundantes de lo que se puede pensar, aunque pocos ornitólogos están dispuestos a aceptar que realmente puedan existir. En marzo de 1975 y en el marco de las extrañas muertes de animales que sacudieron Puerto Rico, numerosas personas describieron la presencia de aves gigantescas, e incluso una “grisacea con multitud de plumas, un cuello largo y grueso, y mayor que un ganso” atacó a Juan Muñiz Feliciano. Dos años después, en julio de 1977, dos misteriosas aves negras con anillas blancas en su cuello, intentaron llevarse al pequeño de diez años Marlon Lowe, en Illinois, logrando levantarlo del suelo e incluso picotearlo, situación de la pudo salvarse gracias a la providencial proximidad de su madre, que logró ahuyentar a las aves de una envergadura de unos 2,5 metros.
Dentro de la mitología de los indios ojibwa, de Ontario, Canada, se encuentra el “ave del trueno”, un pájaro gigantesco que podía superar perfectamente los 20 metros de largo y los 40 de envergadura. En una época tan reciente como 1948 fueron vistos esto animales descomunales, aunque para sorprendente, sin duda tenemos el caso de una presunta ave del trueno capturada en 1890 por dos rancheros de Tombstone, Arizona. Tras matarlo con un rifle lo midieron, señalando a la prensa de la época que aquella extraña criatura “que se parecía a un enorme caimán con una cola extremadamente larga y un inmenso par de alas” media 28 m. de largo y 49 metros de envergadura. Un animal que todos desearíamos, sin duda, que quedará para siempre en el mundo de la leyenda.
David Heylen Campos / José Gregorio González |