Este criptido como Nessie o el Bigfoot, es un clásico dentro de la Criptozoología. Según parece una criatura similar a un dinosaurio conocido como cuello largo, pero de menor tamaño, sobrevive en las pantanosas aguas de El Congo. Las probabilidades de la existencia de un dinosaurio son prácticamente imposibles, pero ¿podría ser una nueva especie de rinoceronte?

Tras la pista del último dinosaurio

PROBABLEMENTE CON LA HISTORIA DEL MOKELE-MBEMBE LLEGAMOS EN NUESTRO VIAJE POR LOS REINOS DE LA CRIPTOZOOLOGÍA A UNO DE LOS EPISODIOS Y CRIATURAS MÁS INTERESANTES PARA LOS “CAZADORES DE MONSTRUOS”, AL PLANTEAR CON DIVERSIDAD DE ARGUMENTOS LA POSIBLE SUPERVIVENCIA EN NUESTROS DÍAS DE UN TIPO DE DINOSAURIO EN TIERRAS AFRICANAS. LOS TESTIMONIOS SE REMONTAN AL MENOS HASTA EL SIGLO XVIII, Y HACEN REFERENCIA A UNA CRIATURA DE UNA ENVERGADURA TAN GRANDE, QUE ERA CAPAZ DE BLOQUEAR EL FLUJO DE LOS RÍOS.

Encontrar un dinosaurio vivo en la actualidad – al margen de en los dominios de la criptozoología- es algo que sólo puede suceder en las películas de ciencia-ficción, y aunque el mundo del celuloide revive cada vez con mayor realismo a los gigantes extinguidos de la evolución, lo cierto es que los registros fósiles son los únicos elementos reales con los que contamos para conocer a los antiguos reyes del planeta. No obstante, y pesar de chocar frontalmente contra los pilares más básicos de la paleontología, desde hace más de cincuenta años diversos criptozoólogos proponen que en los dominios de la República del Congo y sus alrededores pueden haber sobrevivido ejemplares de una extraña criatura, que según los testigos guarda un enorme parecido con los extintos dinosaurios. Los nativos lo conocen entre otros nombres por Mokele-Mbembe, que significa “el que bloquea los ríos”, aunque dependiendo de la zona también se han recogido denominaciones como nsanga y chimpekwe.

CRIATURAS VARIAS

Según todos los indicios, es posible que la primera referencia escrita a nuestro protagonista se la debamos al misionero francés Lievain Bonaventure, quién escribió una historia natural de la Cuenca del Congo en la que comenta como pudo observar unas enormes huellas procedentes de un animal desconocido, huellas de casi un metro de longitud en las que nítidamente destacaban las garras hundidas en la tierra. Esto ocurría en 1776, pero no fue hasta el siglo XX que llegaron los relatos más fidedignos y alguna que otra prueba circunstancial sobre la existencia de una fauna poco habitual en las regiones pantanosas africanas. En 1909 el teniente Paul Gratz conoció relatos sobre una criatura que habitaba en el Lago Bangweulu, en Zambia, con un aspecto bastante parecido al de un cocodrilo y con fuertes garras en sus dedos, del que incluso un grupo de nativos conservaban algunos trozos de piel que llegó a ver. Tal y como narraban los indígenas, en el lago ya no habitaban los hipopótamos debido a los hábitos depredadores de la bestia, a la que denominaban el nsanga.

También por esas mismas fechas el naturalista Carl Hagenbeck publicó su autobiografía incluyendo algunas referencias a un “monstruo grande, medio elefante, medio dragón” que vivió en los pantanos del Congo, tal y como le reseñaron insistentemente diversos colegas y aventureros. Ignoramos sí se referían o no al Mokele, ya que con ésta denominación aparece por primera vez de la mano del capitán alemán Freiherr Von Stein. En 1913 y siguiendo ordenes del gobierno alemán, Stein exploró el Camerún y el Congo aportando la descripción más popular y detallada del Mokele-mbembe, - literalmente el que detiene el flujo de los ríos - tras toparse con un sendero que los nativos identificaron como hecho por el animal. “Se dice que el animal tiene la piel lisa y de un color gris pardusco, -escribe Stein- con un tamaño entre el de un elefante y un hipopótamo. Dicen que tiene un cuello largo y flexible, y un solo diente pero muy largo, que algunos piensan es un cuerno. 
Tiene una cola larga y musculosa como la de un caimán, y salé de los ríos donde habita a buscar alimento; dicen que solo come verdura”. Quince años después otro aventurero y comerciante, Alfred Aloysius Horn, narró su estancia en Gabón en un libro en el que incluyó varias historias sobre el Jago-Nini, que vendría a significar algo así como el gran buceador, un animal que habitaba el Río Ogooue teniendo por costumbre salir del agua y devorar a las personas. Como vemos a la vista de los testimonios reseñados, las zonas pantanosas del Congo parecen el hábitat más adecuado para la existencia de animales desconocidos, pero también para que surjan historias que parecen tener más relación con el miedo, la superstición y el mito, que con la realidad.

¿ESTAMOS ANTE UN RINOCERONTE?

En los años 30 el conocido investigador de anomalías Ivan T. Sanderson encontró huellas de lo que creyó era un gigantesco hipopótamo cuando exploraba la misma región, e incluso creyó verlo en el agua, aunque en una zona en la que los hipopótamos no habitan. En 1976 le llegó el turno al herpetólogo James H. Powell, por medio de una expedición a Gabón en busca de animales no catalogados, con un especial interés por los reptiles en los que estaba especializado. Pudo recoger un buen número de relatos, aunque lo más interesante fue que al mostrar unas ilustraciones de saurópodos a los nativos, estos no duraron en identificarlo con el mokele y el n,yamala, extraña criatura ésta última que también atemorizaba a los indígenas.

Cuatro años después y junto al biólogo de la Universidad de Chicago Roy P. Mackal, realizó una nueva expedición que les permitió asegurar que el hábitat del Mokele podía estar en las zonas pantanosas del Lago Likouala y el Lago Tele, estableciendo que el tamaño de la criatura oscilaría entre los 15-30 pies, - de 4.5 a 9 metros- con un color rojizo e incluso una cresta en la cabeza. El testimonio más interesante de cuantos recogieron aludía a la captura en el Lago Télé de uno de estos animales en el año 1959 por parte de los nativos, que tal y como recordaba el pigmeo Pascal Moteka fue atrapado gracias a una barrera de estacas, muriendo posteriormente todos aquellos que comieron su carne durante la celebración del acontecimiento. Un año después, en 1981 Mackal se hizo acompañar en otra nueva campaña por varios especialistas más, entre ellos el zoólogo congoleño Marcellin Agnagna, logrando encontrar un camino en la vegetación hecho supuestamente por el animal y algunas huellas, además de haber escuchado al animal e incluso creer haberlo visto sumergirse en el agua. Una vez más el parecido del animal con un pequeño dinosaurio volvió a hacerse evidente.

Agnagna regresó en busca del Mokele en 1983, en una expedición que según su testimonio le permitió estar a pocos metros de la criatura durante 20 minutos. Confirmó la mayor parte de los detalles ofrecidos por los nativos pigmeos, y aunque disponía de una pequeña cámara con la que filmaba la escena, la misma no sirvió de anda al estar tapado accidentalmente el objetivo con su gorra.
Aunque la recogida de datos y las exploraciones no han dejado de producirse, la más reciente de las expediciones fue llevada a cabo por un equipo de la BBC hace menos de un año, tras la cual su productor Brian Leith concluyó de forma un tanto pretensiosa que el misterio ya estaba resuelto, asegurando que el Mokele era el recuerdo convertido en leyenda que los nativos mantenían de los rinocerontes que en el pasado habitaron el Lago Likouala.

Con todo y a pesar de las numerosas expediciones, algunos moldes de huellas y ciertas fotografías y filmaciones de dudosa calidad, como la realizada en 1992 por un equipo de televisión japonés sobre el Lago Tele en la que se observa un estela y dos protuberancias sobre el agua, lo único cierto parece ser precisamente la existencia real de una criatura de nombre mokele-mbembe, aunque de momento no se pueda asegurar sí se trata de alguna especie desconocida de hipopótamo o rinoceronte. Quizá los nativos tengan razón en sus descripciones y estemos ante un dinosaurio, aunque desafíe a los pilares más elementales de la ciencia.

David Heylen Campos / José Gregorio González

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