Un misterioso anfibio.
EL PROTAGONISTA DEL PRESENTE CAPÍTULO PLANTEA UNA VEZ MÁS A LOS CRIPTOZOÓLOGOS LA POLÉMICA POSIBILIDAD DE QUE UNA ESPECIE CATALOGADA Y RELATIVAMENTE CONOCIDA POR LA ZOOLOGÍA, TENGA UNA VARIEDAD DE GIGANTESCAS DIMENSIONES QUE TEÓRICAMENTE NO DEBERÍA EXISTIR. ESTE ES EL CASO DEL MUDPUPPIES, UN ANIMAL CON ASPECTO DE SALAMANDRA DE APENAS 30 CENTÍMETROS DEL QUE SE ASEGURA HABER VISTO EJEMPLARES QUE SUPERABAN LOS DOS METROS DE LONGITUD.
Mudpuppies es el nombre familiar con el que se conoce a los “Necturus Maculosus”, curiosos y extraños anfibios que se pueden encontrar en regiones meridionales de Norteamérica como Québec, Missouri o Georgia, y que formando parte del orden de los Caudata, han sido clasificados por la zoología dentro de la familia de los Proteidae. Se trata de animales que oficialmente miden una media de 30 cm[1], aunque a tenor de los relatos recogidos por algunos criptozoólogos, podría existir un familiar de estos anfibios en los EE.UU que alcanzaría proporciones extraordinarias.
CRIATURAS DE INSÓLITO ASPECTO
El Mudpuppies es una larva anfibia permanente[2] y su característica principal la constituye unas papadas externas de color oscuro que presenta por debajo de su cabeza y que crecen durante toda la vida del animal. El tamaño de estas curiosas papadas o sacos se encuentra en proporción con la cantidad de oxigeno del agua de su hábitat, con una coloración en la mayoría de las ocasiones de tonos marrones, grises oxidados o incluso negro. Su cuerpo esta recubierto de manchas negras o negro azuladas, bien en varios puntos distribuidos por todo su cuerpo o formando pequeñas hileras, presentando ocasionalmente algunas de estas manchas en su vientre blanco-grisáceo. No obstante toda la coloración descrita no concuerda con los diversos reportes de anfibios gigantes que los criptozoólogos relacionan con los mudpuppies, dejando abierta también la posibilidad de que nos encontremos con alguna nueva especie no catalogada, posibilidad igualmente fascinante.
El primero de los casos relacionados con estos animales ocurrió en los albores del siglo XIX, en la cala de Scippo, Ohio. A principios de 1800 unos colonos vieron a unos extraños animales que median entre los 2 y 2,5 metros de longitud, de un peculiar color rosáceo. “Parecían unas gigantescas salamandras con pequeñas extremidades y unos extraños cuernos” tal y como aseguraron los colonos. Nunca se supo mas de estas criaturas, aunque es posible que de tratarse de una pequeña población, se extinguiera como consecuencia de las sequías e incendios que asolaron la región hacia el año 1820.
Tendría que pasar algo más de un siglo para toparnos con un nuevo incidente en 1928, esta vez en Goose Creeck Lagoon, en Carolina del Sur. El escritor Herbert Sass se encontraba navegando en un bote de remos cuando vio algo moverse bajo su barca en una zona poco profunda del lago. Logró asirla por un momento con su remo observó a un extraño animal de cuerpo grueso y color entre rosáceo o rojo pálido. Tenía dos pequeñas extremidades que sobresalían por debajo de su vientre y una cola lisa.
Poco después, en 1968, entró en escena el conocido investigador y divulgador de anomalías Ivan T. Sanderson, por entonces vinculado a la revista “Argosy”, quién recibió una carta enviada por Mary Lou Richardson en la que relataba su particular encuentro con una de estas criaturas en St. Johns River, Florida. Este se produjo cuando estando de caza junto con su padre se percataron de la presencia de un animal parecido a un lagarto o salamandra, muy plano, con cuello alargado y nuevamente de color rosáceo, al que finalmente no dispararon por considerarlo indefenso[3]. Tan solo dos años después el propio Sanderson observaría un animal similar en Paulins Kill, New Jersey, en una laguna cercana a su casa. Lo describió como un gusano de color rosáceo con dos largas extremidades, y aunque éste afirmó que sólo pudo ver una porción del animal, calculó que podría medir alrededor de 2 m. de longitud.
El último de los encuentros conocidos se produjo en el ya citado río St. Johns, donde las observaciones vienen siendo habituales desde los años cincuenta. El 10 de Mayo de 1975, cinco personas organizaron un viaje de pesca al citado lugar, entre ellas Brenda Langley, quién al igual que como ocurriera en el caso de M. L. Richardson ocurrido siete años atrás, logró ver mientras pescaba a un animal con un largo cuello, extraños “cuernos”, una larga boca que se extendía hacia abajo y unas extrañas “aletas” que colgaban a ambos lados de su cabeza. La criatura era también rosada, como “un langostino hervido” tal y como gráficamente la describió la testigo.
BUSCANDO EXPLICACIONES
Tal y como asegura el reputado investigador y doctor en zoología Karl Shuker, muchas especies podrían haber disminuido su tamaño a lo largo de su evolución, bien por ser perseguidas y exterminadas por el hombre o como recurso para lograr una mejor adaptación a su medio. Por lo tanto a su juicio y teniendo en cuenta algunos detalles de las descripciones, es muy posible que otro animal conocido, el Hellbender, igualmente larvario y de hasta 70 cm de longitud en la actualidad, pudiera ser el responsable de las observaciones descritas, atribuibles a ejemplares de esta especie de mayores dimensiones descendientes de sus antepasados prehistóricos. La piel de los Hellbenders presenta un elevado numero de vasos sanguíneos que combinado con la transparencia de la piel de algunas especies albinas, podría explicar ese color rosáceo que se describe en todos los avistamientos y que a priori no encaja con lo que sabemos de los Mudpuppies.
Aunque la propuesta del doctor Shuker es mas que aceptable no puede salvar algunas lagunas importantes, como el repetida y detalladamente descrito asunto de los “cuernos” o protuberancias que presentan nuestros protagonistas. Estos podrían ser explicados como las estructuras externas de las papadas o bolsas que presentan tanto los Mudpuppies como los Hellbenders, papadas que estos últimos pierden cuando alcanzan su edad adulta y que sin embargo los Mudpuppies mantienen durante toda su vida y con independencia de las condiciones del medio en el que vive. [4]En honor a la verdad cualquiera de las dos posibilidades es igualmente fascinante, dado que se plantea un fenómeno de gigantismo muy peculiar y hasta cierto punto contradictorio con las reglas de la evolución. No obstante las apuestas parecen estar del lado de los mudpuppies, ya que además de las protuberancias citadas, el entorno de aguas estancadas de las observaciones y sus lentos movimientos encajan con lo que sabemos de ellos, además claro está de que los Mudpuppies más grandes que han sido capturados –algunos de ellos conservados en museos- provienen precisamente de las mismas zonas en las que han tenido lugar los encuentros con las agigantadas criaturas.
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[1] No obstante se piensa que pueden estar emparentados con salamandras gigantes asiáticas como las Megalobatrachus Davidianus chinas, o las M. Japonicus niponesas, que alcanza grandes longitudes.
[2] A estos animales se les conoce como Neotenic.
[3] ¿Y que animal no lo está ante una escopeta?. Esperamos que el lector nos permita esta licencia irónica.
[4] En sus trece Shuker insiste en que podrían existir Hellbenders que sobrevivan y crezcan en un estado larvario, como ocurre con el neotene más famoso, el Axolotl Mexicano. Normalmente el Axolotl madura hasta convertirse en una Salamandra Tigre, pero si se encuentra en ambiente de bajo yodo durante su desarrollo, el animal conserva sus estructuras de papada durante toda su vida. Por lo tanto Shuker plantea que los casos citados pueden referirse a Hellbenders Gigantes que han evolucionado en ambientes de bajo Yodo.
David Heylen Campos / José Gregorio González